Leonardo, el juego de la imaginación, un lugar para la incertidumbre.

“…Los hombres de genio están en realidad haciendo lo más importante cuando menos trabajan, puesto que están meditando y perfeccionando las concepciones que luego realizan con sus manos…”Con estas palabras Vasari en “Leonardo Da Vinci, pintor y escultor florentino” hacía referencía a una conversación en la que Leonardo razonaba con Ludovico Sforza su forma de trabajo y bromeaba poniendo sobre la mesa la posibilidad de retratar al prior de Santa María della Grazie de Milán como Judas si no dejaba de importunarle para que terminase “La Última cena”.
Brunelleschi, al que se le atribuye posiblemente el descubrimiento de la perspectiva, Masaccio, llamado “el torpe” pero que murió a los veintiocho años revolucionando la pintura o Donatello autor del famoso S. Jorge fueron los grandes antecesores de Leonardo y Verrochio, su maestro. ¿Que era lo que diferenciaba a Leonardo de tan grandes hombres?. Sabemos que su técnica se basaba en la experiencia, que diseccionó más de treinta cadáveres para sus estudios de anatomía, que cuando por la calle se encontraba con personajes curiosos los seguía y los dibujaba al llegar a casa. Era un gran observador. ¿Su secreto?. Que en sus dibujos no existía la rigidez, los personajes se relacionan entre si, los apóstoles gesticulan entre ellos en la “Última cena”; decía Vasari que los rostros expresaban amor, temor, ira o pesar…en contraste con Judas al que le imprimió el carácter más amargo. La modestia y la humildad se reflejan en las caras de la Virgen y Santa Ana en el cartón que se conserva en la National Gallery de Londres, y es famosa “la conturbatio” de María en “La anunciación”. No nos extrañaría pues que hubiese estudiado las emociones humanas al igual que investigó en otros muchos campos. Sus figuras ya no pertenecían a la estatuaria…eran personas, representaba la vida. Vasari le dedica estas palabras a la Gioconda: “ Aquella cabeza muestra hasta qué punto el arte puede imitar la naturaleza, pues allí se encuentran representados los detalles con gran sutileza. Los ojos poseen ese brillo húmedo que se ve constantemente en los seres vivos, y en torno a ellos están los rosados lívidos y el vello que solo puede hacerse mediante la máxima delicadeza. Las cejas no pueden ser más naturales….”. Evidentemente no es esta la Gioconda que conocemos actualmente, los estragos del tiempo hicieron mella en ella. A este respecto decía también Vassari que se le estropeaban las obras por “negligencia o a causa de sus numerosas y caprichosas mezclas de preparaciones y colores”.
Nunca le tuvo miedo al negro intenso, a base de sombras lograba las luces más bellas y los relieves más logrados. Mediante la técnica del sfumato, los contornos de Botticelli solo seis años mayor que él ya estaban caducos. Estudió la incidencia del aire sobre el color de los objetos, de ahí la maestría en las montañas de “La Virgen de las rocas”. Uno de sus primeros trabajos fue un ángel que pintó en el cristo bautizado por S. Juan de su maestro Verrocchio. Era muy joven cuando lo realizó, logrando superar a su maestro. Su amistad con Luca Paccioli, le aportó mucha de la investigación referente a las proporciones, sus manos creaban realidad, pero lo que le diferenció de sus maestros era entre otras cosas que en esos contornos difuminados, en esas atmósferas de lejanía se dejaba un hueco para la imaginación del espectador, cierto dialogo, un juego de incertidumbre.

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