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Archivos Mensuales: junio 2012

Hopper, un mundo entrevisto desde el asiento trasero de un coche…
Nada te dirá/ donde te encuentras/ cada momento es un lugar/ donde nunca has estado…
El poeta Mark Strand describía así las escenas del pintor americano, entre la distancia del observador y el aislamiento de los personajes. La sensación de soledad, la ausencia de interacción y sobre todo una larga espera, es lo que transmite Hopper en sus cuadros. Tiene muchas connotaciones con las fotografías de Paul Strand y el aire cinematográfico de Win Wenders, Norman Mailer o Ken Adam. En “Halcones nocturnos” (1942) podemos reconocer la esencia del cine negro americano, pero con una luz parecida en su tono a la de Degás, no olvidemos que estuvo varios años en Europa y conoció a buena parte de sus pintores.

Halcones nocturnos

La calma de sus cuadros reside en la composición geométrica, que impone límites continuos al observador y a los personajes. La aparición casi anecdótica de la naturaleza en algunos lienzos ( “Siete de la mañana”, “ Sol en el segundo piso”, “Gasolinera”, “Autovía de cuatro carriles”…) para Strand es oscura y amenazadora, desde mi subjetividad es liberadora de unos planos que se solapan y son en exceso cerrados y asfixiantes. Estas geometrías y límites aparecen incluso en los paisajes abiertos.

Siete de la mañana.1948

 

 

Sol en el segundo piso, 1960

Gasolinera.1940

Cuando pinta “Mar de fondo” en 1939, los cirros dibujan un triangulo que se entrecorta con el que forman la barcaza y la boya, nada queda sin enmarcar, las atmósferas de los románticos o de los impresionistas no tienen cabida en Hopper. Su luz es aséptica.

Mar de fondo. 1939

El viaje, el espacio como escenario, el paso del tiempo en la narración, momentos aislados que nos cuentan un antes y un después de los personajes que aparecen, son otros factores que describen sus imágenes.
Observamos cierta transcendencia en “ Pueblo carbonero en Pensilvania”, cuando la figura alza la vista pensativa, quizá sea la única que se relaciona con el entorno sin esa seria introspección que caracteriza al resto de los personajes.

Pueblo carbonero en Pensilvania, 1947

Las narraciones de Hopper tienen un hilo conductor común en el drama humano, pero lejos de liberar las tensiones en la corriente metafísica como hizo Rothko, Hopper abandona a sus personajes en un mundo virtual, solitario, que tiende a expresar más lo sensorial que lo anecdótico o descriptivo.


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