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Archivos Mensuales: noviembre 2012

“Me es grato el sueño, y más el ser de piedra
mientras que el daño y la vergüenza duran,
no ver, no sentir me es gran ventura:
así pues, no me despiertes, habla bajo.”

Cuando las manos más expertas de la historia, esculpieron la tumba de Giuliano en la capilla nueva de San Lorenzo, no se contentaron con la perfección del trabajo, sino que con estos versos le dieron vida a “la noche”. Miguel Ángel respondía así a otros versos que Strozzi el viejo le había dedicado a la misma pieza.

Nacido en Florencia, el mejor escultor de todos los tiempos, había empezado a trabajar siendo un niño en el taller de Domenico Ghirlandaio, amigo de su padre. Tales eran las habilidades del pequeño que su maestro comenzó a pagarle cinco ducados mensuales y le consiguió al padre un trabajo en la aduana.

Practicaba el dibujo incansablemente y tal era la perfección que había alcanzado que Torrigiano no tuvo otra opción que romperle la nariz de un puñetazo por envidia, así de mezquina es la naturaleza humana.

Maestro en todas las artes, sabía cobrar justamente su trabajo. En una ocasión Agnolo Doni quiso pagarle de menos por el famoso tondo, así que Buonarroti le pidió justo el doble de lo estimado al principio. Agnolo, que era un miserable pero quería su cuadro, pagó y calló. Aun así Vasari decía “ Siempre socorrió honestamente a sus parientes…también cuidó poco de tener por casa artífices del oficio, si bien es cierto que a todos ayudó en lo que pudo. Se sabe que nunca criticó las obras ajenas sin haber sufrido antes agravios o persecuciones”.

Mientras se encuentra en Roma esculpe “La Piedad” por encargo del cardenal Rovano. Cualquiera que la haya visto sabe de su perfección y que sobrecoge la visión de un cadáver, aun caliente, en brazos de su madre. Venas, arterias y músculos son tratados hasta la excelencia de modo que provocan un silencio respetuoso en el espectador, que por unos instantes se olvida del barullo turístico del entorno. Como es natural, los envidiosos de la época decían que la Virgen parecía demasiado joven, no creo que a Miguel Ángel le importase mucho.

Simone Fiesole, un escultor algo torpe, se había encargado de estropear una pieza enorme de mármol así que enviaron a Bounarroti a deshacer el entuerto. Lo hizo bastante bien, le pagaron ochocientos escudos por El David, la única escultura viva de la historia. Solo hay que observar sus ojos para descubrir el espíritu inquieto de un valeroso niño de quince años.Emocionante y enternecedor.

Estando Leonardo ocupado, entre otras cosas, en la sala grande del consejo de Florencia; le pidieron a Miguel Ángel que se hiciera cargo de otra pared de la sala. Para este trabajo, dibujó el que fue considerado mayor ejemplo de composición y anatomía de la época ( salvando, por supuesto, los numerosos estudios de Leonardo que ya sabemos que había diseccionado más de treinta cadáveres en su aprendizaje, y !vaya si aprendió!). Sangallo, Ghirlandaio, Berruguette y Andrea del Sarto fueron algunos de los que se ejercitaron copiando el cartón que Miguel Ángel había hecho para la ocasión. El tema elegido era la batalla de Cascina; un preciso instante en que bañándose los soldados en el Arno, dan la alarma en el campamento, saliendo los hombres del agua con rostros tensionados y escorzos imposibles intentan vestirse y armarse rápidamente para la batalla. El cartón fue llevado a la sala superior del palacio Medici, pero durante una enfermedad del duque Giuliano ( uno de los tres hijos de Lorenzo el Magnífico que dirigió Florencia entre 1512 y 1516) fue roto y dividido en muchos pedazos, otra miseria de la época.

Por aquel entonces miguel Ángel ya era famoso, así que Julio II le encargó la bóveda de la capilla Sixtina y que rehiciera todas las paredes, a cambio, quince mil ducados.

Como al parecer era una persona humilde, Buonarroti pidió ayuda a algunos amigos para poder llevar a término la obra, les mandó hacer algunas pruebas pero en vista de que no conseguían estar a la altura, Miguel Ángel se encerró en la capilla y trabajo solo. Tal era su fuerza y exigencia que  Georgio Vasari, contemporáneo del artista dijo de la obra que: “ En verdad, no cuide ya quien sea pintor de describir novedad e invención en las actitudes, ropajes de las figuras, nuevos modos de la expresión y terribilidad de las cosas variamente pintadas, pues toda la perfección que quepa dar a cosa alguna que en tal magisterio se haga, la dió Miguel Ángel a la obra”.


Dijo también Vasari sobre el diluvio que se advertía en los rostros de las figuras que la vida era presa de la muerte. La melancolía se refleja en la cara del profeta Jeremías. La sibila Pérsica atiende a un libro que a duras penas puede leer, el profeta Joel continuará eternamente inmerso en sus quehaceres, Judit acaba de decapitar a Holofernes en una de las pechinas, mientras que David vence a un gigante en la otra. La más bella de las sibilas, la Délfica, pierde su dulce mirada en la obra más extraordinaria pintada por un hombre que aunque no fue el mejor ingeniero como Leonardo, si se dedicó a fortificar el monte de San Miniato durante el asedio a Florencia en 1530.No nos cabe duda de que Miguel Ángel, al igual que Leonardo no perdió el tiempo en su vida  y gracias a ello hoy en día seguimos disfrutando con su arte.


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